soc Sociológica (México) Sociológica (Méx.) 0187-0173 2007-8358 UAM, Unidad Azcapotzalco, División de Ciencias Sociales y Humanidades 00006 Artículos Del enfoque adecuacionista al enfoque basado en competencias: una mirada a la inserción al mercado laboral de los egresados de Sociología From the Adequacy Approach to the Competency-based Approach: A Look at Sociology Graduates’ Labor Market Insertion Hernández Martínez Dulce Carolina * Candidata a maestra en Ciencias de la Educación. Unidad Educativa León Tolstoi. Correo electrónico: <hmdez.carolina@gmail.com>. Unidad Educativa León Tolstoi hmdez.carolina@gmail.com 28 02 2020 Sep-Dec 2019 34 98 189 219 06 03 2019 19 11 2019 Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons Resumen:

Desde la masificación de la educación superior, la inserción laboral de los egresados universitarios se ha vuelto compleja, en el sentido que tienen que enfrentarse a nuevos retos que les presenta su contexto económico, social y cultural. De tal manera que resulta simplista analizar su inclusión al mundo laboral desde una relación causa-efecto, haciendo referencia al supuesto de que a determinada profesión le corresponde un restringido conjunto de empleos. El objetivo del presente texto es reivindicar el papel activo que interpreta el egresado en la relación educación-empleo, en el entendido de que es un ser complejo.

Abstract:

Since higher education became a mass phenomenon, the insertion of university graduates into the labor market has become complex: they have to deal with new challenges presented to them by their economic, social, and cultural context. This makes it simplistic to analyze their inclusion from the cause/effect standpoint, referring to the supposition that certain professions offer only a limited number of jobs. The objective of this article is to underscore the graduate’s active role in the education/employment relationship, with the understanding that it is complex.

Palabras clave: educación mercado laboral adecuacionismo competencias Key words: education labor market adequacy approach competencies
Introducción

Ante la innegable vinculación que existe entre el campo de la educación y el del trabajo, han surgido diversos enfoques que se han dado a la tarea de explicar el tipo de relación que se produce entre estos dos ámbitos sociales.

Una de las grandes tendencias de análisis que persistió durante mucho tiempo fue aquella que entendía la relación entre educación y trabajo como una de causa-efecto, que llevó a defender posiciones extremistas respecto del papel que jugaría la educación superior, debido a que ésta era entendida como la vía más indicada para acceder a un buen empleo y, por ende, a un estilo de vida confortable. Por lo tanto, de no cumplir con esas aspiraciones la educación sería la única responsable de haber truncado dichos anhelos.

En respuesta a esa visión mecanicista, surge un planteamiento perteneciente a la “generación de enfoques novedosos y profundos” (De Ibarrola, 2005: 304) que establece que la relación entre el campo de la educación y el del trabajo es compleja, en función de lo cual surge el enfoque basado en competencias.

El autor de esta propuesta teórica es el doctor, funcionario y catedrático en sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Jordi Planas Coll. Siendo el investigador principal desde hace más de 22 años del Grupo de Investigación en Educación y Trabajo (GRET) de la UAB, también es autor de diversas publicaciones que giran en torno al vínculo entre educación y empleo que se han traducido a diferentes idiomas, como catalán, inglés, francés, italiano, alemán y portugués.

No obstante que el texto se centra en el adecuacionismo y sus limitaciones de análisis, conviene precisar que tiene un contexto mucho más amplio en el campo de la sociología de la educación. Si bien Jordi Planas se refiere al enfoque de Theodor Shultz y los aportes de la Teoría del Capital Humano, el desarrollo de la investigación sobre la relación entre educación y trabajo ha sido considerado en el campo de las ciencias sociales en general, y en particular en la sociología, desde mediados del siglo XX, en distintos países europeos y en Estados Unidos.

La mirada de estos aportes involucra relaciones entre dimensiones y variables de orden más complejo, dando cuenta de la ampliación de oportunidades educativas para sectores antes excluidos y su relación con la movilidad social. Este último fenómeno, necesariamente se entrecruza con las oportunidades laborales. Aun cuando no trataré aquí estos enfoques, reconozco que son fuente y referente determinante en el desarrollo de las nuevas propuestas, como la que aquí se expone.

Obras como la de Raymond Boudon: La igualdad de oportunidades. La movilidad social en las sociedades industriales;1 Bendix y Lipset, con Movilidad social en las sociedades industriales,2 o bien los trabajos de Pierre Boudieu y Jean Claude Passeron, La reproducción social y otros aportes,3 por mencionar algunos de los más influyentes, hoy son considerados clásicos dentro del campo de la investigación que refiere a la relación entre educación y trabajo.

El objetivo del presente texto es reivindicar el papel fundamental que interpreta el egresado en la relación educación-empleo, en el entendido de que es un ser complejo. Ello a través de los egresados de sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco (UAM-A).

Además, la intención es comprobar que la formación de los egresados de sociología de la UAM-A les permite ejercer un abanico amplio de posibles empleos, dando respuesta a qué competencias ellos identifican, poseen y desarrollaron gracias a su paso por la educación superior, qué empleo desempeñan y, sobre todo, si perciben congruencia entre su formación y su trabajo actual.

En el primer apartado se explica uno de los enfoques teóricos que han influido en la manera de entender la relación educación-empleo, el adecuacionista, además de plantear las limitaciones que esta propuesta conlleva.

El segundo tiene como finalidad exponer una propuesta teórica que se corresponde más con el momento económico, social y laboral al que se tienen que enfrentar los egresados de las instituciones de educación superior (IES) públicas para poder insertarse en un puesto laboral.

Posteriormente, se presenta la parte empírica, con el propósito de conocer cómo los egresados están ingresando al campo laboral actualmente, y para ello se hará uso del “Informe descriptivo de estudio de seguimiento de egresados en sociología de la unidad Azcapotzalco: generaciones 2005 y 2008”. Para finalizar se presentan las conclusiones.

El tipo de investigación que se llevó a cabo fue cuantitativa, de tipo documental.

El enfoque adecuacionista

En los años sesenta surge en Estados Unidos una nueva perspectiva acerca del funcionamiento de la educación mediante la Teoría del Capital Humano (TCH):4 “El principio fundamental de esta teoría es que la educación equivale a una inversión rentable y no sólo a un bien de consumo […], habiendo una correspondencia directa entre la inversión educativa y los resultados económicos” (Navarro-Cendejas, 2014: 18-19), de manera que la persona que curse el nivel de educación superior invertirá tiempo y recursos económicos durante su paso por la carrera, pero una vez egresado dicha inversión se verá traducida en un incremento de sus capacidades productivas y económicas.

Diversos países encontraron en la Teoría del Capital Humano un soporte ideológico para impulsar la expansión educativa, basados en que a mayor inversión educativa obtendrían mayor desarrollo económico.

En consonancia con la TCH, el enfoque adecuacionista comparte5 ciertos principios con dicha teoría, al relacionar de manera rígida los resultados de los egresados en el ámbito educativo con un conjunto de empleos específicos en el mercado laboral.

Tanto la TCH como el enfoque adecuacionista han sido blanco de diversos cuestionamientos, siendo Jordi Planas Coll uno de los más notables detractores6 de los principios que sustentan.

A continuación se presentan de manera sintética las ideas que persigue el adecuacionismo, su importancia e influencia en la forma de entender la relación educación-empleo con base en las reflexiones de Planas.

Asumiendo que existe una correspondencia perfecta entre el ámbito educativo y el mundo del trabajo, el enfoque adecuacionista afirma que si realmente el egresado recibió una educación de calidad se verá reflejado en la manera en que se inserte al mercado laboral, ya que conseguirá un trabajo que se corresponda con su formación profesional.

La importancia de conocer esta teoría se encuentra en que tanto “en términos teóricos como metodológicos, la historia del análisis de la relación entre formación y empleo durante el último medio siglo ha sido la historia del nacimiento, auge y crisis de los enfoques adecuacionistas” (Planas, 2014: 19), y es así dado que podemos ver cómo ha permeado incluso en los ejercicios de evaluación y acreditación de los programas educativos que ofrecen las instituciones de educación superior, ya que se concentran en la pregunta ¿cuántos egresados lograron colocarse en un empleo dentro de su área de estudios?

Basado en un modelo proveedor-cliente, el adecuacionismo le otorga al Sistema Educativo Superior las funciones de proveedor, el cual debe suministrar en tiempo y forma los egresados que el cliente, empleadores públicos y privados, necesitan para el buen funcionamiento de las actividades económicas. Por ello, las IES deben desarrollar una condición de subordinación ante los deseos que exprese el mercado de trabajo, para la producción óptima de sus futuros empleados.

Los dos principios que sustentan el enfoque adecuacionista son:

Que a cada nivel y especialidad de formación le corresponde un conjunto restringido de categorías de trabajo.

Dicha correspondencia se considera lo óptimo en los intercambios que se dan en el mercado de trabajo (Planas, 2014: 19).

La sociología del trabajo ha conceptualizado a éste desde diversas perspectivas; una de ellas es el enfoque de puesto de trabajo, según el cual el adecuacionismo se sustenta para afirmar que “la cualificación no pertenece al trabajador sino al puesto de trabajo” (Planas, 2014: 23), de manera que aquel que lo ocupa debe aprender las capacidades que requiere.

Bajo la promesa de supuestos beneficios para los egresados al momento de su inserción en el mercado laboral, porque recibieron una formación correspondiente a un puesto de trabajo afín, esta visión parece desdibujar por completo al egresado, al asumir que exclusivamente ingresan a alguna universidad para aprender a llevar a cabo ciertas actividades laborales y que se trata de una tabla rasa. Por otro lado, asume que las IES deben enseñar a desempeñar un trabajo como si se tratara de escuelas técnicas.

Las aportaciones de la economía de la educación desde la perspectiva de la correspondencia también han contribuido al sustento del enfoque adecuacionista, al suponer que en el mercado de trabajo existe un intercambio ideal entre formación y empleo, que define un supuesto normativo que representa un óptimo en los intercambios en el terreno laboral.

De manera que en las investigaciones para evaluar los resultados de las formaciones en el mercado de trabajo “se establece como norma a seguir dichos emparejamientos, calificando la postura de adecuación como óptima; y a continuación se trata, o bien de testar [sic] esta hipótesis o bien de aislar los factores que impiden su realización” (Planas, 2014: 22).

En este punto es donde se puede apreciar una de las mayores aportaciones que hace Planas al análisis de la relación educación-trabajo: el reconocimiento de dos mercados, donde cada uno tiene actores, intereses y deseos diferentes. No sólo está el mercado laboral, como lo plantea el adecuacionismo, sino también el mercado educativo.

En cambio, el adecuacionismo se aleja de la consideración de los comportamientos reales de actores e instituciones debido a que representa en un único mercado, el laboral, la relación entre educación (oferta) y trabajo (demanda). Visto de esa manera tal pareciera que la oferta educativa, en abstracto, se transforma automáticamente en oferta de trabajo, dejando de lado un actor fundamental que Planas toma en cuenta: los egresados (Planas, 2014: 43).

Según él, existe un mercado educativo a cargo de IES (oferta) con sus programas educativos, y por otro lado las personas (demanda) que quieren formarse con base en sus propios gustos, vocación y deseos (Planas, 2014: 41), y que no tienen que coincidir con las necesidades presentadas en el mercado laboral en cierto momento.

Una vez que el individuo atravesó el mercado de la educación ahora ingresará al del trabajo, por lo que ya no se encontrará del lado de la demanda sino en el de la oferta. En el mercado de trabajo las personas ya formadas (oferta) negociarán su acceso a un empleo frente a los empleadores (demanda).

Por lo tanto, el enfoque adecuacionista se basa en un supuesto de información perfecta por parte de los empleadores, asegurando que éstos saben exactamente las necesidades de mano de obra profesional que necesitan, por nivel de cualificación y especialidad, lo cual Planas rechaza, puesto que es difícil prever lo que sucederá en un futuro respecto de los cambios constantes en materia económica, tecnológica y de producción.

Afirma que en realidad los empleadores expresan sus necesidades en términos de competencias con la finalidad de “anticipar sus necesidades futuras, contratando a personas que dan señales de tener capacidades que se ocuparán más tarde, o bien a trabajadores capaces de adquirir a bajo costo competencias aún desconocidas, que se revelarán necesarias más tarde” (Planas, 2014: 79), lo que les brinda la oportunidad de contar con empleados que presentan habilidades que les permitirán resolver las problemáticas laborales que se vayan presentando en el día con día.

El enfoque basado en competencias

La crítica que hace Planas al adecuacionismo obliga a repensar la relación entre educación y trabajo, ya que resulta reduccionista seguir viéndola tal y como se asumía en los años sesenta, pues en la actualidad los egresados de las instituciones de educación superior se insertan de manera diferente que aquellos de hace más de cincuenta años; las necesidades han cambiado, ahora no sólo basta contar con un título universitario para asegurar un ingreso favorable en el mercado de trabajo.

Ante los cuestionamientos al enfoque adecuacionista, Planas hace una contribución a la investigación en torno a la interacción educación-empleo, proponiendo una teoría que resulta más conveniente para entender la inserción al mercado laboral de los egresados universitarios dentro de una sociedad contemporánea: el enfoque basado en competencias.7

La importancia de revisar su propuesta teórica radica en que visibiliza otros componentes además del título universitario, que se ponen en juego al momento en que los egresados se colocan en un determinado empleo, tomando en cuenta que la inserción de éstos actualmente se da dentro de una sociedad marcada por la globalización, lo cual representa cambios constantes en materia económico-social y, por ende, en el mercado de trabajo.

El enfoque basado en competencias aborda la relación entre formación y trabajo de manera compleja, sin establecer correspondencias rígidas. De tal forma que “permite interpretar las relaciones entre formación y empleo sin establecer una adecuación formal entre la formación detentada y el empleo ocupado” (Planas, 2013: 85), lo que supone dejar de lado las valoraciones negativas para aquellos que se insertaron en un empleo para el que no se educaron formalmente.

De acuerdo con Planas, la noción de competencia representa una herramienta para señalizar las aptitudes profesionales de los individuos en cuanto a su inserción en el mercado de trabajo, además de posibilitar la interpretación de una manera alternativa de las relaciones entre formación y trabajo sin el requisito de la adecuación formal entre ambas dimensiones. Planas (2013: 89), mediante su propuesta teórica considera los comportamientos reales de los agentes implicados en dicha relación: egresados, IES y empleadores.

Por otro lado, también describe la competencia como un “conjunto de saberes y capacidades que ha adquirido una persona, independientemente de dónde y cómo las haya adquirido y que varían en el transcurso de su ciclo de vida” (Planas, 2013: 89); pudo ser a través de la educación formal y/o informal, del ámbito laboral, del de la vida social e, incluso, la capacidad innata; se puede decir que se trata de un sistema que permite detectar las habilidades/aptitudes profesionales que tiene el egresado.

Por lo tanto, el término competencia posee un carácter vectorial, según lo cual Planas explica que “se conforma por una serie de habilidades que la persona ha ido adquiriendo a lo largo de su vida y de formas muy diversas, por lo que la define de manera única” (Planas, 2013: 89). En consecuencia, la formación superior que posee el egresado, y que se cristaliza en forma de título universitario, sólo representa un elemento más de ese vector.

El egresado, al haberse formado en determinado programa de educación superior posee competencias específicas asociadas a su disciplina (competencias escolares), pero también adquiere “competencias transversales, como la capacidad de aprender, comunicarse, de resolver problemas o de adaptarse a un entorno cambiante, habilidades que son útiles en ámbitos profesionales muy distintos” (Planas, 2003: 168) y que se pueden adquirir de manera implícita al cursar una carrera universitaria.

Las IES públicas, a través de sus programas de educación, no solamente cumplen con la función de transmitir conocimientos y fomentar habilidades (competencias escolares) sobre diversas disciplinas y que se ubican plasmados como objetivos educativos a cumplir dentro de su propio programa de estudios, sino que también existe un compromiso con “la preservación y difusión de la cultura […] e investigación” (Hernández, Solís y Stefanovich, 2012: 110), de manera que no se trata exclusivamente de producir egresados capaces de desempeñar un empleo desde una visión meramente tecnocrática, sino de desarrollar profesionistas conscientes de su entorno social, político, económico y cultural, que sean capaces de cuestionarlo y cambiarlo.

Otro aspecto importante a resaltar es que, según Planas, “no se pueden determinar competencias idóneas, absolutas e inclusive no se pueden identificar objetivamente” (Planas, 2014: 91), sino que es hasta que las mismas se ponen en acción que es posible conocer sus resultados, por lo cual un título universitario sólo representa un “indicio de la productividad potencial del individuo” (Planas, 2014: 91).

Como se mencionó anteriormente, al contrario de lo que expone el adecuacionismo, el enfoque por competencias comprende las diferentes lógicas que manejan egresados, IES y empleadores.

Dicho enfoque describe al egresado como un “agente dotado de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que pueden ser aplicados en determinados contextos para llevar a cabo determinadas tareas” (Planas, 2014: 90). El autor tiene claro que se trata de un ser complejo, en el entendido de que sus conocimientos y capacidades no fueron adquiridos solamente a través de un programa de educación superior sino que también intervinieron otros medios: vida social, tecnología, experiencia laboral.

Por otra parte, las IES públicas cumplen con las funciones de ofrecer programas educativos a la sociedad con la finalidad de contribuir en la formación educativa de profesionistas, pero de acuerdo con lo planteado por Planas se debe resaltar que esto sólo corresponde con a parte del vector del egresado, y que es la intervención de múltiples factores lo que compone la competencia de una persona.

En cuanto a los empleadores, menciona que éstos buscan indicios de capacidades en el egresado acordes con lo que el puesto de trabajo requiere, y que si bien el título universitario es uno de ellos, no es el único en el que se basan.

Al identificar el puesto de trabajo como una “categoría que requiere un repertorio de saberes y capacidades articuladas en torno a las prácticas y rutinas de la organización productiva” (Planas, 2014: 90), este enfoque teórico comprende que el egresado puede ser más o menos capaz de llevar a cabo diversos empleos, aunque todo depende de qué tanto se ajusten las competencias que él tiene a las que el empleo requiere.

En este sentido, Planas concluye que “a partir de la observación de la realidad sin suponer correspondencias a priori, los individuos son aptos (en mayor o menor grado) para ocupar distintos tipos de empleo y, simétricamente, los empleos pueden ser ocupados (con mayor o menor éxito) por individuos que han seguido trayectorias formativas diferentes” (Planas, 2014: 94), lo que supone que el mercado de trabajo es más flexible al permitir que la inserción y movilidad de los egresados no esté determinada por el tipo de profesión que tienen, ya que posibilita la opción de que se puedan colocar en puestos laborales para los que no fueron explícitamente formados.

Los egresados de sociología en el mundo laboral

Ante la innegable relación que existe entre el campo de la educación superior y el del trabajo se ha encontrado en los egresados una fuente de información que permite conocer “los principales resultados de las IES, porque ellos son la principal conexión con el mundo del trabajo y el externo” (Valenti, 2004: 257), y el mecanismo por el cual obtienen dicha información es un estudio de seguimiento de egresados.

Los estudios de seguimiento de egresados representan para las IES la oportunidad de conocer y evaluar la calidad de los servicios que ofrecen, permitiendo “orientar sus políticas y obtener acceso a apoyos económicos especiales, por ejemplo, el Programa de Innovación y Fortalecimiento Institucional (PIFI) para la consecución de los objetivos de cada IES” (Valenti y Varela, 2004: 37).

Este mecanismo de análisis permite a las IES detectar los aspectos que deben mejorar para que con los medios y recursos disponibles realicen el diseño y revisión de sus planes de estudio sobre la base de la opinión que expresan los egresados.

A partir de los años noventa este tipo de estudios han pasado a formar parte de los procesos de evaluación de la educación superior. En la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) el primer estudio de egresados se realizó en 1979, cinco años después de su fundación, cubriendo a los 539 egresados hasta entonces existentes.

En general, se ha intentado evaluar el impacto de la educación sólo a través de la ubicación del trabajo ostentado por el egresado; sin embargo, recientemente se ha puesto énfasis en la conexión entre formación y algunos aspectos del desempeño profesional con la finalidad de tener mayores elementos para evaluar la educación ofrecida por una institución de estudios superiores (Valenti y Varela, 2004: 12).

Para fines de este texto se consultó el Estudio de seguimiento de egresados en sociología, generación 2005-2008, elaborado por la UAM Azcapotzalco. El motivo por el que se eligió esta carrera es porque responde a una de las premisas que expone el enfoque basado en competencias: egresados, IES y empleadores responden a diferentes lógicas, y no precisamente con base en la satisfacción de las necesidades demandadas por el mercado laboral en cierto momento económico.

De acuerdo con la página de internet del Observatorio Laboral, en la actualidad el mercado de trabajo demanda egresados de ingeniería ambiental, biotecnología, robótica o mecatrónica (Observatorio Laboral, 2017), y aquellos que eligieron alguna de estas carreras universitarias tendrán mayores posibilidades, se supone, de colocarse rápidamente en un empleo con alta remuneración económica. En contraste con la sociología, que de acuerdo con el mismo sitio de internet pertenece al grupo de carreras con menos futuro laboral y con más baja remuneración económica, a pesar de lo cual las IES públicas siguen ofertándola y los empleadores públicos y privados continúan contratando a los egresados de esta disciplina.

Antes de comenzar con la revisión de datos que ofrece el estudio de seguimiento a egresados de la carrera de sociología, cabe destacar, como apunta Planas, que ellos decidieron cursar dicho programa educativo obedeciendo a sus propios deseos, gustos, valoraciones, objetivos, etcétera, y bajo los mismos decidirán insertarse en un empleo.

Como ya se mencionó, la información aquí considerada es de una fuente secundaria y, consecuentemente, no se tuvo control de los datos directos. Conviene mencionar que algunas de las gráficas describen cifras que no cuadran al 100 por ciento, lo que se explica debido a que el énfasis en los reportes se encuentra en los porcentajes mayores, sin referir el complemento a otras categorías.

Como se puede observar en la gráfica 1.1, dentro del sector educativo se ubica la mayoría de los egresados de la carrera en sociología, debido a que 50 por ciento de los encuestados de las generaciones 2005 y 2008 mencionaron ejercer en este campo laboral.

Principal área laboral en la que se desempeñan los egresados de sociología generación 2005-2008 Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Sector económico”.

Por otro lado, la segunda área laboral con mayor cantidad de sociólogos es servicios de gobierno; así lo expresaron 31.3 por ciento de los egresados en 2005 y 30 por ciento de la generación 2008.

Finalmente, servicios profesionales y técnicos ocupa la tercera posición en cuanto a ubicación laboral de los egresados en sociología, con 12.5 por ciento de la generación 2005 y 15 por ciento de la 2008.

Si revisamos la página de internet del Departamento de Sociología de la UAM-A se lee que el campo laboral para los egresados consiste en “desarrollarse profesionalmente en los centros educativos, desempeñándose en los campos de investigación y docencia. De igual forma, podrá brindar asesoría a organismos no gubernamentales, asociaciones civiles, partidos políticos, sindicatos, cooperativas, agrupaciones de campesinos y organismos internacionales” (LS, 2018a).

De manera general, con lo visto en la gráfica 1.1 se puede afirmar que en su mayoría los egresados de sociología de las generaciones 2005 y 2008 se están dedicando al área laboral para la que se formaron.

Sin embargo, si revisamos el perfil del egresado propuesto por la UAM-A aunado al contenido del plan de estudios, se puede inferir que los estudiantes de sociología son formados para dedicarse principalmente a la investigación.

Lo anterior se percibe al revisar la página de internet del Departamento de Sociología: “El egresado será capaz de analizar, comprender, explicar e interpretar fenómenos sociales en su génesis, relaciones y dinámicas en los ámbitos: político, urbano, rural y educativo” (LS, 2018b).

Incluso en el perfil del aspirante menciona que el interesado debe contar con “habilidad para el análisis, reflexión e interpretación de problemas sociales, políticos y económicos, capacidad para el trabajo en equipo, interés y disposición para la investigación de campo y documental” (LS, 2018c).

Ambos perfiles más el plan de estudios dejan ver bajo qué línea profesional se forma a los estudiantes de sociología y es claro que para ser investigadores y no solamente docentes, lo cual se corrobora con base en la siguiente gráfica.

Si bien, en su mayoría los egresados ejercen dentro de una de las áreas laborales para las que se les formó: educación, lo hacen desempeñando el papel de docentes, como lo muestra el 37.5 por ciento de los egresados de la generación 2005 y 35 por ciento de la 2008 (gráfica 1.2) y no ocupando un empleo para el que es perceptible que se les ha formado: investigadores.

Principales actividades que desempeñan los egresados de sociología generaciones 2005-2008 Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Principal actividad que desempeñan”.

En la generación 2005 ninguno de los egresados de sociología se desempeña como investigador; en cuanto a la 2008 solamente el 5 por ciento expresó desarrollar esta actividad, y el resto se desempeñan en áreas de asesoría especializada, actividades administrativas, coordinación y evaluación (gráfica 1.2).

La categoría de actividades administrativas llama la atención, pues aunque es bajo el porcentaje, 6.3 por ciento en la generación 2005 y 15 por ciento en la 2008, se muestra que están ocupando un trabajo para el que no fueron formados, visto desde una perspectiva adecuacionista.

El enfoque basado en competencias hace que nos olvidemos, por un lado, de juicios de valor, al hacernos asumir que los egresados son seres autónomos que se colocarán en un empleo que a ellos les sea conveniente, acorde con sus gustos, valoraciones económicas y personales, independientemente de si pertenece o no a su campo profesional. Y así lo demuestran las generaciones 2005 y 2008 de egresados en sociología, ya que es sumamente bajo el porcentaje que se desempeña como investigador (gráfica 1.2), principal actividad para la que se les formó.

Sin embargo, hay tareas que realizan y que aparentemente no pertenecen a su campo laboral, como son las actividades administrativas, pero quienes se concentran en este tipo de empleo encuentran beneficios en ello.

Así, el enfoque basado en competencias demuestra que en el mercado laboral se colocan egresados y no profesiones, ya que si así fuera bastaría con que los sociólogos presentaran su título universitario para asignarles un empleo como investigadores, pero es evidente que son capaces de desempeñar diversos tipos de trabajos, independientemente de la formación que recibieron.

Para conseguir un puesto es necesario que el egresado demuestre las competencias con las que cuenta, y el empleador evaluará si se ajustan a las necesidades que el mismo demanda.

El enfoque basado en competencias permite reconocer que existen diversos aspectos que influyen en la inserción de los egresados en el mundo laboral, por lo que colocarse en un empleo no solamente depende de contar con cierta formación universitaria.

Un aspecto importante a destacar, con base en las gráficas 1.1 y 1.2, es que existe una gran ignorancia en la sociedad mexicana y en el mercado laboral sobre las prácticas, capacidades, conocimientos y habilidades del sociólogo, lo cual también explica porque la mayoría de los egresados en esta disciplina se ubican dentro del ámbito de la educación, pues parece ser el campo laboral más neutral, donde se aceptan diversidad de profesiones, y es evidente que hay una gran falta de conocimiento sobre el quehacer del sociólogo y la importancia y necesidad de éste en todo ámbito laboral.

A continuación, las gráficas 2.1 y 2.2 establecen que los egresados de sociología no obtienen un empleo por el simple hecho de presentar un título universitario, sino que es necesario demostrar ciertas competencias mediante algún tipo de vía establecida por el mercado de trabajo.

Factores asociados a la carrera universitaria que influyeron en la obtención del empleo Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Factores que influyeron en la obtención del empleo”

Factores que valora el mercado laboral que influyeron en la obtención del empleo Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Factores que influyeron en la obtención del empleo”.

Con base en lo expresado por los egresados de las generaciones 2005 y 2008, conoceremos cuáles fueron los componentes que influyeron en su inserción al mercado de trabajo, y para tal finalidad se dividieron en: factores asociados a la carrera de sociología y factores que valora el mercado de trabajo. El objetivo, de ninguna manera es plantear que algún factor es mejor o peor, sino exponer que la inserción de los egresados es multifactorial.

De acuerdo con la gráfica 2.1, el 73.3 por ciento de la generación 2005 y el 65.7 por ciento de la 2008 señalaron que tener título universitario influyó en la obtención de su empleo.

Pese a que contar con un título universitario jugó en favor de los egresados para la obtención de trabajo, cabe recordar que Planas afirma que este elemento únicamente "proporciona información que constituye una medida imperfecta de las facultades productivas” (Planas, 2014: 91), y si bien los empleadores valoran que el candidato al puesto cuente con preparación universitaria, ello sólo representa un indicio de productividad.

Si solamente bastara contar con un título para conseguir empleo, no sería necesario que los empleadores realizaran entrevistas de trabajo. Así, el 66.7 por ciento de los egresados en 2005 y el 48.6 de la generación 2008 mencionan que haber pasado una entrevista formal intervino para obtener el empleo (gráfica 2.2).

Mediante este tipo de dinámicas, como las entrevistas realizadas por los empleadores e incluso la aplicación de exámenes de selección, los egresados de ambas generaciones (gráfica 2.2) apuntaron que también son vías por las cuales pueden evidenciar sus competencias.

Dichas competencias pueden, relativamente,8 estar relacionadas a la propia formación universitaria, como el hecho de hablar otros idiomas, tener habilidades para el manejo de programas computacionales o conocimientos especializados y que, según lo expresaron el 66.7 por ciento de los egresados de la generación 2005 y el 53 de la 2008 (gráfica 2.1), intervienen en la obtención del trabajo.

Por otro lado, existen competencias que son sumamente valoradas por los empleadores (Observatorio laboral, 2017b) y que tienden a relacionarse con las actitudes del egresado: disponibilidad para viajar, de horario y/o cambio de residencia, como lo evidenció el 53.3 por ciento de los que egresaron en 2005 y el 54.3 de la generación 2008 (gráfica 2.2), quienes cuentan con estas atribuciones y mencionan que influyeron para obtener el empleo.

La experiencia laboral previa es otro de los factores mencionados por los egresados de sociología (gráfica 2.2) y que de acuerdo con el enfoque basado en competencias los empleadores valoran, debido a que desarrolla en aquellos habilidades que de otra manera resultaría complicado conseguir (Planas, 2014: 103).

A pesar de que algunas causas obstaculizan la inserción de los estudiantes de esta disciplina en el mundo del trabajo, como es la baja aceptación de la licenciatura en el mercado laboral, de acuerdo con la percepción de los egresados de las generaciones 2005 y 2008, los empleadores reconocen en ellos cualidades que coinciden con las solicitadas por la empresa/institución, además de que el prestigio de la UAM les ha favorecido (gráfica 2.1).

No obstante, hay que tener presente que la competencia del egresado se compone de habilidades, conocimientos y aptitudes aprendidos mediante diversas vías, independientemente de la educación formal, y que conseguir empleo depende de qué tanto se acoplan las competencias que posea respecto de las necesidades que requiere el puesto laboral.

Con la finalidad de visibilizar, de acuerdo con la perspectiva de los egresados de las generaciones 2005 y 2008, la manera en que el programa de educación en sociología de la UAM-A contribuyó para el desarrollo de capacidades que más tarde su empleo requeriría, se presentan las gráficas 3.1 y 3.2.

Conocimientos escolares desarrollados gracias al plan de estudios de sociología Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Medidas en que el plan de estudios propició el desarrollo de habilidades, capacidades y conocimientos”.

Conocimientos transversales desarrollados gracias al plan de estudios de sociología Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Medidas en que el plan de estudios propició el desarrollo de habilidades, capacidades y conocimientos”.

Así, se dividieron en conocimientos escolares y transversales; los primeros abarcan aquellos que provienen explícitamente de estudiar la carrera en sociología, y los segundos comprenden las habilidades que son implícitas a la misma.9

No hay mucho que decir en torno a los datos presentados en la gráfica 3.1 debido a que abarca los conocimientos específicos de la disciplina. Las categorías que más la representan son conocimientos generales de naturaleza científica y/o humanística con un 95.2 por ciento para la generación 2005 y un 94.7 por ciento para la 2008 (gráfica 3.1).

Por otra parte, en conocimientos de los enfoques teóricos de la disciplina el 100 por ciento de la 2005 se sintió conforme con el desarrollo de este aprendizaje y disminuyó un poco en la 2008, con el 94.7 (gráfica 3.1).

En general, podemos decir que los egresados de sociología de las generaciones 2005 y 2008 se sienten conformes con los aprendizajes adquiridos específicos de esta disciplina (gráfica 3.1).

La última categoría, capacidad para aplicar conocimientos presenta una disminución en cuanto a los porcentajes con referencia a las de conocimientos generales y enfoques teóricos de la disciplina, con el 81 por ciento en la generación 2005 y el 86.8 para la 2008 (gráfica 3.1). En este sentido, podemos observar que existe cierta inconformidad por parte de los egresados sobre el tema de cómo pueden implementar los conocimientos aprendidos en su empleo, ya que perciben que dentro de las aulas no lograron desarrollar esta capacidad.

Con base en la opinión de los egresados de sociología, el plan de estudios impulsó en gran medida su capacidad analítica y lógica, pues así lo expresaron el 100 por ciento de la generación 2005 y el 92.1 de la 2008 (gráfica 3.2). A pesar de que desarrollarla está plasmado como uno de los objetivos del programa en la licenciatura, se colocó en esta parte porque dicha habilidad se va trabajando de manera implícita, mediante las lecturas, las clases, los debates, y no hay un curso como tal.

Otro aspecto que los egresados mencionaron que se incrementó gracias al plan de estudios es la disposición para seguir capacitándose, pues el 90.5 por ciento de la generación 2005 y el 92.1 de la 2008 así lo expresaron (gráfica 3.2).

Cabe mencionar que dentro de la encuesta también se les consultó sobre cuál consideraban que era la mayor exigencia que tenían dentro de su empleo, siendo disposición para aprender constantemente de las más mencionadas por los egresados de ambas generaciones. Es decir, que en este sentido la licenciatura en sociología les ayudó a ejercitar esta aptitud, que más tarde les solicitaría el mercado laboral.

El 85.7 y el 86.8 por ciento de los egresados de las generaciones 2005 y 2008, respectivamente, expresaron que la carrera de sociología acrecentó su capacidad para identificar y solucionar problemas, lo que más adelante les benefició, pues el 100 por ciento de los que egresaron en 2005 aseguró que ésta era una de las exigencias frecuentes en su trabajo (gráfica 3.2).

Para finalizar la parte empírica de este ensayo, el enfoque basado en competencias contribuye para minimizar los juicios de valor negativos en contra de los egresados de la licenciatura que no se están desempeñando en un trabajo que corresponda con su formación. Además de definirlos como seres complejos que se colocarán en el mercado laboral siguiendo sus propias lógicas, insertándose en el empleo que más convenga a sus intereses, independientemente de si se está desempeñando profesionalmente dentro de su área laboral o no.

Si observamos a los egresados de la generación 2005 que perciben coincidencia entre su empleo y sus estudios, el 94 por ciento asegura estar en esta situación (gráfica 4.1), y se corrobora al observar la gráfica de satisfacción, ya que el 95 por ciento expresa estar satisfecho con la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en la licenciatura, aunado al 100 por ciento que señala que se encuentra conforme con el contenido de su trabajo/actividad (gráfica 4.2), y que probablemente, como vimos en la gráfica 1.2, sea como docente.

Coincidencia del empleo con sus estudios Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Nivel de coincidencia de trabajo con estudios”.

Factores de satisfacción con su desempeño profesional de egresados de sociología 2005 Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Grado de satisfacción con su desempeño profesional”.

Por otro lado, de acuerdo con la perspectiva de la generación 2008, el 75 por ciento (gráfica 4.1) asegura desempeñar un trabajo que coincide con la carrera universitaria que estudió, aunque el porcentaje de satisfacción disminuye en torno a los egresados que laboran en algún puesto acorde con lo que estudiaron, pero aumenta en otros aspectos. Tal es el caso de las categorías reconocimiento profesional alcanzado (84.9 por ciento) o la posibilidad de coordinar un equipo de trabajo (84.9) (gráfica 4.3), lo que hace suponer que si bien no se sienten cómodos con la coincidencia entre su trabajo y lo que estudiaron, esto se compensa con otras satisfacciones personales.

Factores de satisfacción con su desempeño profesional de egresados de sociología 2008 Fuente: UAM Azcapotzalco (2014). “Grado de satisfacción con su desempeño profesional”.

En ambas generaciones, los egresados expresan sentirse poco satisfechos con su salario y la posición jerárquica alcanzada, pero esto parece obedecer más a la situación económica y social del país y no a la falta de calidad en su formación académica.

Conclusión

El enfoque adecuacionista ha sido una gran influencia en los trabajos y procesos evaluativos de los programas de educación superior debido a la simpleza de su contenido, ya que sólo basta identificar las correspondencias entre la formación superior recibida y el empleo obtenido.

No obstante, como bien menciona Planas, esta simpleza ha traído consecuencias en el análisis de la relación entre educación y trabajo, como dejar fuera los comportamientos de los actores implicados: egresados, IES y empleadores.

Bajo el enfoque de competencias que integra el cambio constante en el que se encuentra el mercado laboral debido a las innovaciones tecnológicas o las crisis económicas, se visibiliza el hecho de que los egresados se están colocando en empleos para los que formalmente no se educaron, pero que desempeñan satisfactoriamente debido a las competencias que poseen, y que parte de éstas fueron adquiridas o desarrolladas en su paso por la universidad, más no exclusivamente gracias a ésta.

Por otra parte, en el caso de los empleadores, el enfoque de competencias nos muestra que en el mercado laboral no se contratan carreras universitarias sino personas aptas para llevar a cabo un puesto de trabajo.

Como vimos en la revisión del estudio de seguimiento de los egresados de sociología, la mayoría no se desempeñan como investigadores, pero sí como docentes, empleados de gobierno o administrativos, con base en el reconocimiento de competencias que no solamente se adquieren en la escuela, sino que demanda las capacidades de los individuos.

Cabe mencionar que las competencias que más han influido en una mejor inserción al mercado laboral de los egresados de esta disciplina son: contar con un título universitario, tener habilidades en otros idiomas y computación, además de demostrar mediante exámenes de selección y entrevistas formales que cuentan con ciertas aptitudes.

Además, resulta importante mencionar la falta de conocimiento del mercado laboral sobre las prácticas que desempeñan los sociólogos, ya que a pesar de que los empleadores reconocen su formación, en general debería haber una reivindicación de esta disciplina en la sociedad y en el ámbito laboral, lo que traería beneficios tanto para el mercado de trabajo como para los mismos egresados.

El objetivo de este texto no fue desprestigiar el empleo de los egresados, sino por el contrario, reconocer que pese a las interminables crisis económicas cierta flexibilización del mercado permitirá que se coloquen en puestos de trabajo para los que demuestren ser aptos, no porque cuenten con una carrera universitaria sino porque ésta sólo representa una de todas las competencias que poseen y que no sólo adquirieron gracias a una institución sino a un conjunto de factores.

Finalmente, cabe recordar que los estudios en torno a los egresados tienen como propósito identificar cómo se les está preparando y encontrar soluciones para ayudarlos, y en este sentido no estaría de más asumir que los sociólogos se están dedicando principalmente a la docencia, para que así puedan realizar acciones que los beneficien.

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Raymond Boudon realiza una explicación mediante una visión sistemática y llega a la conclusión de que si bien es cierto que los factores individuales influyen en la generación de la desigualdad, también lo hacen los factores estructurales. Es limitado pensar que existe una relación directa entre escolaridad y posición social, ya que intervienen diversos elementos en la producción de este fenómeno (Boudon, 1974).

Bendix y Lipset plantean la relación entre generaciones de padres e hijos, midiendo las diferencias logradas considerando los tipos de ocupación y la escolaridad alcanzada por los segundos. El aporte es importante, porque intenta mostrar empíricamente el proceso de movilidad, aun cuando no refiere necesariamente a otras dimensiones que inciden en la movilidad social estructural. Es decir, condiciones de desarrollo productivo que no permanecen fijas y que inciden en los cambios de estatus de los individuos.

Bourdieu y Passeron se centrarán en las desigualdades de clase, propias de las sociedades capitalistas industriales, como el campo en el que las oportunidades educativas se inscriben, destacando el carácter ideológico que la escuela cumple, como institución clásica de la modernidad, en los procesos de reproducción del sistema social y productivo.

Cabe mencionar que la Teoría del Capital Humano surge del estudio realizado por Theodore Shultz (1968), uno de los representantes del paradigma económico, transformando el análisis de las ciencias sociales al reconocer en el funcionamiento de la educación un estatuto económico.

Como cita Navarro-Cendejas: “Según Sala y Planas, la Teoría del Capital Humano se apoyó en esta perspectiva para, a su vez, orientar el grueso de la planificación educativa en la década de los años setenta en Europa, mientras que, por otro lado, los mismos autores afirman que estos enfoques están basados en una interpretación reduccionista de la Teoría del Capital Humano” (Navarro-Cendejas, 2014: 25).

De acuerdo con José Navarro-Cendejas, pese a que el enfoque adecuacionista se ha utilizado durante las últimas décadas para explicar las relaciones entre educación y trabajo, le adjudica a Jordi Planas Coll difundir el término adecuacionista a través de sus trabajos sobre la relación entre educación y empleo (Navarro-Cendejas, 2014: 24).

De acuerdo con Planas el término competencia “surge de la necesidad de disociar las capacidades productivas de una persona de su educación formal, para dar constancia de que personas con titulaciones diferentes eran competentes para ocupar empleos similares y que las capacidades de las personas se adquirían también [primordialmente] mediante la experiencia laboral y social […]. Por el contrario, la noción de competencia empleada en la enseñanza basada en competencias (EBC) las asocia a titulaciones escolares obtenidas en la educación formal […] de manera que el término competencia que utiliza la EBC es un uso distorsionado del mismo” (Planas, 2013: 77), aunque sobra decir que nada tiene que ver con el empleado por Planas.

Se menciona “relativamente” porque el egresado puede adquirir estos conocimientos independientemente del plan de estudios de la carrera de sociología.

En las gráficas 3.1 y 3.2, debido a procedimientos metodológicos de estandarización, los porcentajes de la generación 2005 y 2008 son muy apegados, pero su mención no es la misma; por otra parte, para este apartado se trata de una pregunta abierta